29 de junio de 2018

Blog Personal: Sebastian y el espejo.

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Hola amigos! como están? espero que muy bien...
comparto con uds. una hermosa historia que acabo de encontrar, adaptada para uds.
Sé que algún día les servirá...

Sebastian salió de la ducha y se paró frente al espejo. 
Batió la crema de afeitar, se puso un poco en la mano y comenzó a pasársela por la cara.
Su cuerpo estaba ahí, pero su mente estaba en otro lado. En el mismo lugar que había estado durante las últimas seis semanas.
Un “Hola” proveniente de algún lado lo sacó de su estado de reflexión.
Giró la cabeza en un acto reflejo, pero obviamente no encontró a nadie. La voz le parecía extremadamente familiar.

-Acá, Sebastian, en frente tuyo –volvió a escuchar.

Casi con temor miró hacia delante y se encontró con la triste imagen de sí mismo que el espejo le devolvía.

-Sí amigo, soy yo el que te habla…o eres tú, como quieras llamarle…tanto tiempo ¿no? –le dijo su reflejo.

La sensación de temor cambió inmediatamente por una mezcla de sorpresa, vergüenza y culpa.

-Me tienes olvidado, ¿eh? –le dijo el del espejo con un tono que mezclaba el reproche con el dolor.
-No...bueno…un poco…tu sabes como viene la cosa... -respondió Sebastian.
-Sí, claro que lo sé. Me acuerdo como nos gustó la chiquilla esa, el día que la conocimos.
-bueno, entonces me entiendes.
-Tú dijiste “es un ángel”….y yo te dije “Tranquilo tigre… ve con cuidado”, pero a partir de ahí te cortaste solo y te olvidaste de mí.
-Amigo…no estoy para reproches…estoy hecho mierda... No estaba preparado para perderla... No puedo olvidarla...
-Seba…todos estamos preparados para perder cualquier cosa y para seguir adelante. Lo que no podemos es olvidarnos de nosotros mismos. Y tú te olvidaste completamente de mí. –le dijo el espejo.
-Sí, puede ser…
-¿Puede ser?  ¿puede ser?...¿Cuántas veces estuviste parado acá mismo en frente mío y ni siquiera me miraste? ¿Cuántas veces intenté empezar a hablarte y ni siquiera me escuchaste?
-Es que ella era todo…
-Seba! ¿Eres consciente de que yo soy la única persona que realmente puede ayudarte?
-Nadie puede ayudarme…la necesito tanto.
-Claro que nadie puede ayudarte. Nadie que esté afuera tuyo puede ayudarte. Solo tu te puedes ayudar a ti. Y yo soy tú….Péscame Seba!
-Es que sin ella no soy nada…

Los ojos de Sebastian comenzaron a humedecerse y su voz comenzó a sonar entrecortada.

-¡Sebastian, mírame! –le dijo la imagen del espejo con voz firme y enérgica.

Sebastian siguió mirando hacia abajo mientras sus lágrimas comenzaban a rodar por sus mejillas.

-¡Sebastian, Por la chucha! ¡Mírame a los ojos, mierda! –le gritó el espejo.

Levantó la vista y sus tristes ojos se encontraron con la imagen de otros dos ojos que sacaban chispas.

-¿De cuántas salimos juntos, miercale? ¿Cómo se te ocurre pensar que de ésta no vamos a salir también? –dijo su reflejo.
-Es que no sé…
-Seba…no quiero enojarme con vos –le dijo su imagen –pero ¿es que perdiste la memoria? ¿Te olvidaste todas las que pasamos y lo bien que nos fue?
-No…no es que me haya olvidado, pero…
-¿Ya te olvidaste toda las veces que fuimos juntos a dar una prueba sin saber una mierda…y lo bien que la pasamos? Y eso que decíamos “Nos van a hacer mierda”… pero cuando estábamos bien en sintonía uno con el otro no nos hacía mierda nadie.
-Es verdad –dijo Sebastian secándose una lágrima.
-¿Y te acuerdas lo que lloramos juntos aquella tarde en el Hospital?...pero bueno…la vida nos tira palos que hay que soportar a veces….pero si seguimos viviendo después de esa…¿cómo no vamos a remontar ésta?
Si tantas veces aprendimos que lo que no te mata te hace más fuerte…¿no nos vamos a olvidar ahora, no?

Sebastian se paró más derecho frente al espejo y mirando a su imagen a los ojos dijo:

-Perdóname
-¿Qué tengo que perdonarte?
-Haberme olvidado de ti….haberte dejado totalmente de lado poniendo todos mis sentidos en otra persona.
-No tengo nada que perdonarte….solo que me partía el alma verte tan desorientado, tan triste, tan dependiente…y no poder hacer nada. Me quedé afónico de gritarte, pero no me escuchabas…
-No es tarde para que arranquemos juntos de nuevo ¿verdad?
-¿Tarde? ¿Cómo va a ser tarde? Nunca es tarde.
-¿Sabes de que me estoy acordando? –preguntó Sebastian.
-¿De qué? –le respondió su imagen.
-Del día que nos entraron a robar y vos me dijiste “Quédate quieto, miercale”….creo que me salvaste la vida…
-Sí…pero tuve motivos egoístas para hacerlo.
-Jajajajaja…imbécil!! –se rió Sebastian.
-Jajajajajaja… -rió también el espejo.
-También me acuerdo cuando nos sacamos la chucha en el liceo…
-De eso te acuerdas tu….yo ya me olvidé…
-Jajajajajaja... maldito!!!

Ambos se quedaron mirando el uno al otro, hasta que la risa fue desapareciendo, convirtiéndose en una sonrisa alentadora.

-¿Y tigre? ¿Vamos para adelante? –dijo la imagen reflejada.
-Obvio que vamos, papá!! Y con la frente en alto!! –respondió Sebastian.

Y así siguieron ambos, pasándose espuma por la cara…y luego la gillette cuidadosamente, en una sincronización perfecta. Ya no eran dos. Ya eran otra vez uno, pero habiéndose reencontrado el uno con el otro.
Sebastian terminó de afeitarse, se secó la cara, se vistió y se contempló con orgullo, amor propio y admiración.
Se disponía a abandonar el baño cuando volvió a girar y miró otra vez sus ojos en el espejo.

-Una cosa más... –dijo Sebastian.
-¿Qué? –respondió su imagen.
-Feliz día.


Un Abrazo Amigos!